Montepulciano: Tuscany Icon

 

Viajar por tierra es para mí lo mejor; El mismo trayecto hace al viaje, el mismo camino, la ruta, el poder estar en contacto permanente con la naturaleza, ir parando, tomar fotos, caminar, darse tiempo para sentir…con todos los sentidos.

Somos muy viajeros y como en cada viaje, me gusta dejarme sorprender y esta vez luego de 20 días recorriendo España y Francia, llegamos a Italia; un sexto sentido nos llevó para el lado de La Toscana; sin expectativas, nos adentramos allí.

Siguiendo una ruta más larga, más pintoresca y dejando el gps de lado, hacemos la famosa Ruta del Vino por la llamada ruta Chiantillana; esto es un deber si estas en Toscana, porque es la esencia del lugar; lo ideal es ir parando en las factorías, todas ofrecen degustaciones y es imposible no llevarse una botella; Pero toscana nos sigue sorprendiendo.

Desde Siena, seguimos recorriendo las pequeñas rutas y parando por los pueblos, cada uno es una postal y justo al final de nuestra ruta, creyendo que encontraríamos otro pueblo pintoresco, nos llevamos la gran sorpresa: Montepulciano….fue la frutilla del postre.

El clima era entre nublado y fresco. Llegamos por la noche y con lluvia; así y todo nos quedamos impactados. Fue como atravesar una pantalla y aparecer en la época medieval. Ahora entiendo porque tantos directores de cine se inspiran en este lugar y no es para menos! El escenario ya está armado, y no cuesta nada imaginarse las historias de otra época en ese lugar.

Amanece y el día comienza activando en primer lugar el sentido del oído… unas campanadas a lo lejos nos despiertan y el solo abrir la ventana y observar… un paisaje sin igual.

Montepulciano es un pequeño pueblo de la provincia de Siena, y lo que tiene de pequeño, lo tiene de pintoresco. Ni los más prestigiosos pintores tenían en sus paletas esos colores y esos matices, sombras por las nubes y luces por el sol. A cada paso todo cambiaba, la topografía era otra. Subiendo y bajando por callecitas de piedra, pasamos iglesias, palazos, casas medievales con unos balcones re coloridos, en colores que iban del rojo al más carmesí, de malvones y campanitas violetas. Montepulciano se va dejando descubrir.

Como debe ser, y moviéndonos sin mapa en este pequeño pueblo, llegamos a la plaza principal, la Piazza Grande y oh sorpresa! estaban filmando una película…Todo ambientado de época, caballos, carrozas, Señoras y Señores elegantes, granjeros… el tiempo se detuvo en ese instante y ya estábamos dentro de esa historia…..Corten! dijo el director… y seguimos.

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Aquí son típicas las cantinas, antiguas bodegas que hoy en día ofrecen degustaciones ya que Montepulciano se destaca también por su vino: El Novile de Montepulciano. Ingresamos a la Cantina del Redi, en el Palacio Redi: increíbles pasajes subterráneos, llenos de piedra y de barriles enormes estacionando el vino. Nos recibió el dueño que ni bien nos vio y sabiendo de donde veníamos nos dijo: questo non è Malbec, eh. Y menos mal! No combina el Malbec en ese paisaje. La uva típica de la zona se llama Sangiovese, es pequeña y morada. El olfato y el gusto se llevaron lo suyo y por supuesto que nosotros nos llevamos un recuerdo.

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La pasta no podía faltar y era un deber probarla también allí. Un buen plato de pastas con un vino de la región…como era de esperar, nos superó.

Dicen que Buenos Aires tiene ese “qué se yo”. Yo creo que cada pueblo de la Toscana tiene también un “qué se yo” que no se explica, se vivencia;

Y como en cada viaje, me dejé sorprender….pero esta vez Montepulciano no solo me sorprendió, sino que me enamoró.